Tras una profunda crisis personal, el joven decidió pedir ayuda y se internó en un centro de rehabilitación, donde pasó un año y ocho meses. Este proceso le permitió cambiar su vida, recuperar su familia y conseguir trabajo.
A pesar de haber superado la adicción y de vivir en el mismo barrio, ya no comparte las mismas amistades y ahora disfruta de una vida cotidiana normal, trabajando en una obra y valorando su presente.