Se continúa el debate sobre el uso de la inteligencia artificial (IA), destacando sus limitaciones en áreas sensibles como la salud, las emociones y la información personal. Se advierte sobre la peligrosidad de tomar sus respuestas como certeras, especialmente en temas médicos.
Se enfatiza que la IA es una herramienta que puede ser útil para tareas específicas, pero no reemplaza el criterio humano, la sensibilidad y la responsabilidad. Se recomienda cautela al consultar datos históricos o de salud, sugiriendo recurrir a fuentes confiables.