Se debate sobre las actitudes que a veces muestran los argentinos, como el enojo o la falta de empatía, y cómo estas pueden ser malinterpretadas en el extranjero como racismo.
Se enfatiza que estas actitudes no definen a la colectividad argentina y que existe una gran diferencia entre un insulto o una mala actitud y un acto de racismo.
Se compara la situación argentina con la de otros países, como Brasil, y se argumenta que la capacidad de integración en Argentina es alta, incluso en comparación con países con historias de segregación racial más marcadas.