La situación vivida por un grupo de argentinos en un bar en Egipto durante la final del mundial se tornó extremadamente incómoda y discriminatoria. Fueron objeto de burlas constantes, insultos y finalmente expulsados del local.
Al salir, se encontraron con un grupo de jóvenes argentinas que habían vivido una experiencia similar en otro bar, evidenciando una hostilidad generalizada hacia los argentinos en ese momento.
La situación escaló más allá de la simple chicana futbolera, generando agresiones y un ambiente de tensión.