La investigación sobre la desaparición de Edgardo Prieto continúa generando dudas y sospechas. Se cuestiona la falta de rastrillaje terrestre y la ausencia de perros para buscar posibles pistas en tierra firme, a pesar de que el celular de Prieto apareció en Misiones.
La familia de Prieto insiste en la necesidad de sinceridad por parte de los involucrados y pide que Gustavo Greco, jefe de Luis y responsable de la contratación de Edgardo, se comunique para explicar lo sucedido. Se baraja la hipótesis de un crimen, y se solicita que se investigue la posibilidad de que Prieto haya sido asesinado por sus jefes.
La hermana de Edgardo, Andrea, expresa su indignación ante la falta de búsqueda y la ausencia de respuestas. Se menciona que el hijastro de Luis, Michael, se llevaba mal con Ricardo, lo que podría ser un indicio de una discusión que escaló a un hecho de violencia.
Se reitera la peligrosidad de los cruces nocturnos en el río Paraná, incluso con embarcaciones precarias y sin luces. Se reciben testimonios de habitantes de las islas que confirman la falta de control de Prefectura y la normalización de estas prácticas ilegales y riesgosas.