Se define la campaña rusa como una forma de "espionaje intelectual" en la era moderna, utilizando las redes sociales como herramienta principal. Estas plataformas son propicias para crear tendencias, son manipulables y económicamente viables, pero sobre todo, requieren de sociedades permeables como la argentina.
Se contrasta la cultura de España, con sus programas de chimentos, con la del Reino Unido, donde estos formatos son inexistentes. Esta diferencia cultural influye en la receptividad a ciertas narrativas. Se menciona que Argentina, a pesar de no ser una potencia mundial, es importante en el mundo hispanoparlante, lo que la convierte en un objetivo para la manipulación informativa, especialmente con un gobierno de derecha como el de Milei.