Se advierte sobre la creciente difusión de narrativas simplistas en redes sociales que dividen al mundo entre "buenos" y "malos", dificultando la empatía y el diálogo.
Esta lógica, que se aplicó al conflicto en Medio Oriente presentando a sociedades enteras como responsables, ahora se extiende a Argentina, generando una percepción de ilegitimidad.
Se critica la incapacidad de ver al otro como igual y merecedor de derechos, lo que lleva a una polarización extrema y a la negación de la humanidad compartida.