Se analiza la propagación de narrativas que dividen el mundo entre "buenos" y "malos", aplicada tanto al conflicto entre Israel y Hamás como a la percepción de Argentina en redes sociales.
Se critica la falta de empatía hacia las víctimas del 7 de octubre y se observa una tendencia a presentar sociedades enteras como colectivamente responsables de las acciones de sus gobiernos, lo que dificulta el diálogo.
Esta dinámica de simplificación y división se está aplicando sorprendentemente a Argentina, generando una percepción de que la sociedad es artificial o ilegítima, y apagando la capacidad de ver al otro como igual.