Se compara el racismo en Argentina con el de otros países de América Latina y se enfatiza que, si bien existen marcas de desigualdad racial heredadas de la colonia, no se compara con sistemas de segregación explícita como el apartheid.
Se reconoce que Estados Unidos y Canadá también tienen sus propias historias de racismo y discriminación, especialmente hacia los pueblos originarios.
Se concluye que la hipocresía y las generalizaciones absurdas sobre el racismo en Argentina son evidentes al contrastar con la realidad histórica y social del país.