Cristian Maceda confesó que el momento exacto en que se dio cuenta de que ya no disfrutaba del fútbol profesional fue al regresar a Inglaterra, en un período marcado por los secuestros a padres de futbolistas (2003-2004). En ese entonces, sintió un fuerte deseo de "divertirse un poco más con la vida", disfrutar de sus hijos y su esposa, y tener mayor libertad.
Reconoció que siempre tuvo inquietudes fuera del fútbol, como el cine, el teatro, la música y el running. Si bien no puede modificar el pasado, afirma que vivió su vida siguiendo su instinto y que el fútbol le dio muchísimo, permitiéndole una carrera extensa que nunca imaginó. La falta de pasión y el deseo de una vida más plena fueron claves en su decisión.