Se advierte sobre la creciente difusión de una visión que divide al mundo entre "buenos" y "malos", especialmente a través de las redes sociales. Esta lógica, aplicada inicialmente a Israel, donde se niega la empatía incluso a víctimas del terrorismo, ahora se observa de forma sorprendente en Argentina.
Esta división, que apaga el diálogo y cierra al otro, presenta a sociedades enteras como colectivamente responsables de las políticas de sus gobiernos, considerándolas artificiales o ilegítimas.