El consumo de alfajores ha experimentado un notable crecimiento, llegando a ser utilizado por muchos trabajadores y jubilados como reemplazo de comidas principales, como el almuerzo o la cena. Esto se debe a su precio relativamente accesible y a que satisfacen la necesidad de saciar el hambre.
Se destaca que el alfajor más barato es el que más se vende, y que las marcas "premium" no son las que lideran el crecimiento. La situación refleja la precariedad económica que lleva a la gente a buscar alternativas alimentarias más económicas.