Se analiza la intersección del conflicto en Medio Oriente con las narrativas en redes sociales, donde Argentina es presentada como un país racista y aliado de Israel.
Se critica la simplificación de debates complejos en redes sociales, la generación de "rage bait" (contenido que provoca ira) y la creación de teorías conspirativas, como la supuesta vinculación del árbitro de un partido con el judaísmo para alimentar la narrativa.
Se señala un componente antisemita en la campaña contra Argentina, a pesar de que el país alberga una de las comunidades judías más grandes del mundo, y se critica la idea de que toda la sociedad argentina es irredimiblemente racista.
Se compara esta situación con la narrativa sobre Israel, donde la sociedad es presentada como colectivamente responsable de las políticas de su gobierno, apagando el diálogo y la empatía.