La persona liberada debe llenarse de la presencia de Dios para erradicar toda oscuridad. Cuando el cuerpo está iluminado y sin partes oscuras, la luz de Dios brilla, haciendo huir a Satanás. El compromiso con Dios fortalece la fe y cesan los conflictos espirituales.
Cuanto más saturados estemos de Dios, menos espacio habrá para las tinieblas. La guerra espiritual nos lleva a ser más puros, santos y comprometidos con el Señor, debilitando los ataques del enemigo.