La experiencia de una derrota deportiva, como la vivida por la Selección Argentina, puede generar consecuencias físicas y psicológicas significativas. El estrés, la frustración y la adrenalina pueden alterar el sueño y generar ansiedad.
El duelo se manifiesta a través de un bucle de pensamientos negativos, donde se repasan las jugadas y se cuestiona el propio desempeño. La crítica de la gente y la autocrítica pueden intensificar estos sentimientos, llevando a un estado de vulnerabilidad.
La resiliencia, entendida como la capacidad de recuperarse de la adversidad, es fundamental para superar estas dificultades. El mensaje que deja el Mundial es que la derrota nos duele a todos, pero la capacidad de levantarse y seguir adelante es lo que define a los grandes deportistas.