Se reflexiona sobre la reacción de la derecha y la izquierda del primer mundo ante la selección argentina y la identidad nacional.
Se argumenta que la Argentina desafía los estereotipos del sur global, generando incomodidad en quienes esperan subdesarrollo y complejidad.
Se señala que la vergüenza por la nacionalidad, común en Europa y EE.UU., no existe en Argentina, donde el disfrute de la argentinidad es un valor distintivo.