La guerra de desgaste entre Irán y Estados Unidos, que se extiende por casi seis meses, tiene como objetivo la presión política y económica. Uno de los efectos más notorios es el aumento del precio del petróleo, beneficiando a las empresas del sector.
A pesar del cierre del Estrecho de Ormuz y las advertencias internacionales, ningún país europeo ha sufrido escasez de energía. Sin embargo, el costo de la energía ha aumentado, evidenciando uno de los objetivos del conflicto: encarecer el producto.