La situación en la Franja de Gaza es crítica debido a la escasez de agua potable, con el 47% de la infraestructura hídrica destruida y solo una planta desalinizadora en funcionamiento.
Los habitantes de Gaza dependen de fuentes limitadas y camiones cisterna, obteniendo apenas unos litros de agua al día, lo que genera problemas de salud como diarrea e infecciones respiratorias.
Organizaciones humanitarias alertan que la recuperación de la infraestructura podría tomar décadas, mientras las partes en conflicto discuten sobre la responsabilidad de la destrucción.