Estados Unidos intensificó los bombardeos contra Irán, alcanzando objetivos en Tabriz y Urmia, con un saldo de un muerto y varios heridos. Teherán denunció que los proyectiles impactaron en zonas civiles, incluyendo la única central nuclear del país en Boucher y una planta atómica en construcción en Darkovin.
La seguridad marítima se vio afectada con el reporte de buques incendiados en el Estrecho de Ormuz, vía crítica para el comercio mundial de hidrocarburos. Dos petroleros de propiedad griega fueron alcanzados por misiles de origen desconocido. Irán mantiene cerrado el paso por el estrecho en respuesta.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, justificó la ofensiva como represalia por la muerte de militares estadounidenses en Jordania e Irak, advirtiendo que Irán pagará "muchas veces más" por cada soldado muerto. Por su parte, el presidente iraní Massoud Pesachkian afirmó que su país atraviesa una "guerra a gran escala".