Se reflexiona sobre la importancia de contar la historia de Argentina, incluso sus partes más horribles y lamentables, como un acto de catarsis y aprendizaje.
Se argumenta que relatar los hechos, sin importar si se es de "ultraderecha" o se habla de "subversión apátrida" o de "jóvenes idealistas", no implica solidaridad con la violencia. La clave está en contar la historia tal como fue, reconociendo el horror que significó, para poder superarlo y evitar repetirlo.