Las fuertes lluvias en Chile han provocado inundaciones catastróficas, deslaves y aludes, declarándose estado de catástrofe. En menos de una semana llovió lo que normalmente precipita en dos años, afectando gravemente al centro y norte del país.
La cifra de víctimas fatales asciende a diez, con más de 100.000 personas aisladas y pueblos incomunicados. La situación es crítica en una zona semiárida que no está preparada para este tipo de eventos climáticos extremos.