En el Antiguo Testamento, muchas bendiciones dependían de la obediencia. Se menciona Éxodo 26: 'derramo amor inagotable por mil generaciones sobre los que me aman y obedecen mis mandatos'.
El Salmo 25 afirma que Dios guía con fidelidad a quienes obedecen su pacto. La sanidad y la protección también eran bendiciones supeditadas a la obediencia, prometiendo Dios ser enemigo de los enemigos del que le obedece.