El predicador se compara con un personaje bíblico picado por una víbora, afirmando que a lo largo de su ministerio ha recibido "veneno" de diversas fuentes, incluso de hermanos de la iglesia, pero ha resistido como Pablo, sacudiendo la víbora y tirándola al fuego sin sufrir daño.
Se exhorta a tomar autoridad delegada por Cristo para liberarse de las "víboras" que representan enfermedades, problemas económicos (miseria, pobreza), conflictos matrimoniales y rebeldía familiar, atribuyendo estas dificultades a la obra del diablo.
Se hace un llamado a cerrar las cadenas del mal y a usar el antídoto de Jesucristo para expulsar estas influencias negativas del hogar, la familia y la economía personal, invocando el fuego del Espíritu Santo.