Se rememora la época en que no se conocía el diagnóstico de Asperger, y las personas eran clasificadas como autistas o con retraso mental. La participante relata que en su infancia la consideraban infantil o excéntrica, sin identificar un problema específico.
Se subraya la importancia del diagnóstico, incluso en la adultez (30, 40, 50 años), ya que permite a las personas comprender aspectos de su vida que antes no entendían. Se menciona el caso de una amiga que descubrió su condición a los 50 años, y cómo esto le brindó un nuevo entendimiento sobre sí misma.