Vanessa relata que, tras no conformarse con los diagnósticos médicos iniciales, buscó segundas opiniones y le detectaron artritis, fibromialgia y principio de lupus. La medicación que tomaba, seis pastillas diarias y una inyección de morfina nocturna, le provocó una cirrosis farmacológica y un profundo deterioro en su salud general.
La medicación le impedía dormir y realizar actividades básicas, generando una profunda tristeza y depresión. Se sentía una carga para sus hijos, quienes debían cuidarla en lugar de ser ella quien los asistiera. Llegó a pedirle a Dios morir para encontrar paz y descanso del dolor.