Se plantean sospechas sobre la actuación del árbitro esloveno en la final del mundial, sugiriendo una posible conspiración de la UEFA para favorecer a equipos europeos.
Se cuestiona la decisión de amonestar a Paredes y Enzo por reclamos menores, mientras que a los jugadores españoles se les permitió un juego más físico sin sanciones. Se menciona que el árbitro tuvo problemas judiciales previos.
Se discute la superioridad de España en el juego, pero se resalta la capacidad de Argentina para dar vuelta partidos. Se mencionan las lesiones de los defensores argentinos como un factor en contra.