Kiev sufrió uno de los mayores ataques con misiles balísticos rusos desde el inicio de la guerra, con 41 proyectiles que destruyeron edificios residenciales, almacenes y una residencia estudiantil. El ataque dejó al menos un muerto y 16 heridos en la capital, y cuatro muertos en Kharkiv.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, calificó la ofensiva como un "golpe crítico" y reiteró la urgencia de recibir defensas antiaéreas de Occidente. La Fuerza Aérea ucraniana logró interceptar varios proyectiles, pero los sistemas actuales son insuficientes ante la magnitud del ataque.