Se revela que Leandro Paredes jugó la final del mundo con una fisura en la costilla, probablemente infiltrado, y con dificultades para respirar. Si bien esto no justifica sus actitudes polémicas durante el partido, podría ayudar a comprenderlas.
Se cuestiona la rigurosidad del árbitro esloveno, especialmente al amonestar a Paredes en una instancia crucial. Se argumenta que la primera amarilla de Paredes fue evitable, considerando la tensión del momento y que su gesto fue solo de bronca, sin insultos. La expulsión del jugador es vista como un punto de inflexión que pudo haber afectado el resultado del partido.