Damián relata la difícil experiencia vivida con su hijo de año y medio, quien sufrió convulsiones severas, llegando a quedar sin oxígeno y morado. Fueron al hospital Garrahan, donde lo diagnosticaron con convulsiones virales severas y le indicaron un tratamiento con medicación fuerte.
Esta medicación dejaba al niño parcialmente dormido, sin aliento y aislado. A pesar del tratamiento, su hijo presentaba retrasos en el habla y otras dificultades. Ante esta situación, decidieron probar el propósito del "agua viva" y, con fe, comenzaron a dársela en la mamadera y con la comida, además de ungir su cabeza y orar por su sanación.