Lorna relata cómo recibió su diagnóstico de Asperger a los 30 años, un proceso que incluyó la evaluación de psicólogos y psiquiatras. En ese entonces, el Asperger se consideraba un diagnóstico separado del autismo.
Tras el diagnóstico, se gestionó un certificado de discapacidad para asegurar su sustento, especialmente después del fallecimiento de su madre. Lorna menciona que, aunque los diagnósticos pueden influir, no definen completamente a una persona, y resalta sus logros académicos como abogada y periodista.