En la cumbre mundial sobre inteligencia artificial en Ginebra, se presentaron dos visiones contrastantes sobre el futuro de la robótica. Por un lado, robots con rostros expresivos, capaces de imitar a figuras como Donald Trump, Mark Zuckerberg y Barack Obama, buscan facilitar la comunicación humano-robot.
Por otro lado, se exhibieron muebles y objetos domésticos convertidos en robots, diseñados para asistir a personas mayores o con movilidad reducida. Estos robots prescinden de un rostro, priorizando la funcionalidad y la discreción en el hogar.
Ambos proyectos, a pesar de sus diferencias, comparten la apuesta por una inteligencia artificial que asista al ser humano, alejándose del temor a la sustitución. La convicción es que la tecnología, incluso la más temida, puede coexistir y beneficiar a las personas.