En la cumbre mundial sobre inteligencia artificial en Ginebra, un robot suizo llamado Robert causó sensación al poder mostrar rostros de figuras públicas como Donald Trump, Mark Zuckerberg y Barack Obama en una pantalla.
Sus creadores buscan que los robots tengan rostros expresivos para facilitar la comunicación no verbal y la interacción con humanos, diferenciándolos de máquinas puramente funcionales. Argumentan que la comunicación efectiva requiere la transmisión de emociones.
Se presentó otra vertiente de la IA con objetos domésticos montados sobre plataformas móviles, diseñados para asistir a personas con movilidad reducida. Estos robots buscan complementar las habilidades humanas en lugar de reemplazarlas, centrándose en la asistencia y la mejora de la calidad de vida.
Ambos proyectos reflejan distintas visiones sobre el futuro de la inteligencia artificial: una enfocada en la interacción social y la otra en la asistencia funcional, pero ambas comparten la apuesta por hacer que la tecnología sea una herramienta útil para las personas.