Se analiza el impacto psicológico de la corrupción sumada a la impunidad, generando sentimientos de impotencia y humillación en la ciudadanía.
La impunidad, al burlar la justicia y la ley, provoca una sensación de sentirse tomado el pelo y humillado, lo que puede derivar en depresión o negación de la realidad.
Esta situación dificulta la conformación de proyectos genuinos, ya que la impunidad borra la coherencia y la justicia, generando desconfianza en el sistema.