Se reflexiona sobre la histórica jornada vivida en Argentina, destacando que el país ha demostrado no ser "triunfarista" y que el éxito no se mide únicamente por ser el número uno. Grondona coincide en que no son un país exitista.
Se enfatiza que la derrota en la final del Mundial fue legítima y que no se deben inventar "fantasmas" o teorías conspirativas. Se argumenta que lo ocurrido en el vestuario es normal, producto de la intensidad y el esfuerzo de 40 años de carrera.