La ruta a través de la Selva Negra se abre paso entre montañas cubiertas de bosques, con pequeños pueblos y antiguas granjas de techos de madera que resisten el paso del tiempo.
Cada curva regala postales de arroyos cristalinos, suaves colinas y un paisaje que inspira tranquilidad. El aire puro, el perfume de la madera y el silencio invitan a disfrutar del camino con todos los sentidos.