Tras el declive de Ile-Ife, estados satélite como el reino militar de Benin y el reino de Oyo compitieron por el poder y el control de las rutas comerciales. Oyo, un reino yorubá con caballería, y Benin, un estado democrático, emergieron como potencias.
El reino de Illebu, liderado según la leyenda por un hombre del bosque de Ile-Ife, expandió su territorio. Para defenderse, se construyeron grandes sistemas de fosos y trincheras defensivas, como una de 160 kilómetros alrededor de Illebu, con el objetivo de impedir el avance de caballería enemiga.
Estas fortificaciones, de entre 7 y 10 metros de ancho, demuestran un firme propósito político y defensivo, reforzando la identidad colectiva y marcando una revolución en la guerra con la introducción del caballo.