Tras la final del Mundial, se implementó un importante operativo de seguridad en los alrededores del Obelisco y en avenidas clave de Buenos Aires, como la Avenida Corrientes. La policía de la ciudad dispuso vallas y cortes de tránsito para organizar la desconcentración de la gente y mantener el orden.
El operativo, que contó con la presencia de efectivos policiales y un hospital móvil del SAME, funcionó con normalidad, reportando solo atenciones menores debido a la gran afluencia de público. El objetivo era contener la multitud y evitar desbordes, permitiendo una desconcentración ordenada tras la derrota de la selección argentina.