Raúl, un fanático de Córdoba, relata el insólito robo de camisetas de la Selección Argentina en el aeropuerto, un hecho que, según él, demuestra la cotización de los objetos relacionados con el equipo.
A pesar del percance, la fe y el optimismo de Raúl y su grupo son inquebrantables. Han realizado un viaje épico desde Buenos Aires, pasando por Montevideo y Panamá, para llegar a Nueva Jersey y alentar a la Selección en la final.
Con una profunda convicción religiosa, Raúl confía en la victoria argentina, pidiendo a Jesús que guíe al equipo hacia el campeonato. La historia de su travesía y la anécdota del robo de camisetas subrayan la devoción y el compromiso de los hinchas.