Se analiza la bronca y el dolor de los futbolistas tras perder una final del mundo, una situación difícil de asimilar inmediatamente. Se compara con experiencias pasadas, como la de Alemania levantando la copa.
Se reflexiona sobre el proceso y el camino recorrido, reconociendo que, a pesar de la tristeza, con el tiempo se valorará el logro de haber llegado a cuatro finales en seis competencias bajo la dirección de Scaloni. Sin embargo, la bronca por perder este partido es palpable en el momento.