Se narra la instrucción divina para la construcción de un altar de tierra, prohibiendo el uso de piedra labrada para evitar profanarlo. Se enfatiza que en todo lugar donde se recuerde el nombre de Dios, Él se manifestará para bendecir.
Charles se compromete a edificar el altar, siguiendo las directrices divinas. La escena subraya la importancia de la obediencia y la fe en las prácticas religiosas, así como la creencia en la presencia divina y sus bendiciones.