La creciente industria naval china, que construye más de la mitad de los barcos del mundo, plantea un desafío estratégico para Estados Unidos, cuya producción es mínima. El expresidente Donald Trump propone un ambicioso plan, "Flota Dorada", para revitalizar la construcción de superacorazados en el país.
Estados Unidos busca recuperar su capacidad naval, históricamente disminuida. En contraste, China ha desarrollado una vasta base industrial en las últimas décadas, aprovechando sinergias entre la construcción comercial y militar para innovar y expandir su armada, superando a la estadounidense en número de buques.
Ante esta situación, Estados Unidos busca la cooperación de Corea del Sur, segundo mayor productor naval, para potenciar su industria. Empresas surcoreanas ya invierten en astilleros estadounidenses, en un esfuerzo por reactivar la producción local y competir en el mercado global, aunque alcanzar a China parece una meta a largo plazo.