Se lee el versículo que indica que a todos los que recibieron a Jesús y creyeron en su nombre, Él les dio el poder de ser hechos hijos de Dios. Se explica que quien no ha sido salvo, aunque es criatura de Dios, no es aún su hijo.
Al aceptar a Jesús, el espíritu alejado de Dios es recreado, permitiendo una nueva comunión con Él. Se enfatiza que este espíritu recreado es esencial para la sanación y el bienestar espiritual.