Martín Cohen expresa su incomprensión ante la idea de delegar procesos creativos, como la escritura, a la inteligencia artificial, a pesar de su pasión por las palabras y la literatura.
Se plantea la diferencia entre la literatura y el fútbol, descartando la idea de un "Riquelme en la literatura" y enfatizando la singularidad de cada disciplina.
Cohen critica la precariedad de algunos debates actuales y cómo la tecnología, si bien puede ayudar, también puede empobrecer la discusión, especialmente en temas de represión y derechos humanos.