El tránsito en Nueva York se tornó caótico en la previa de la final del mundo, complicando el acceso al estadio. La congestión vehicular y la gran cantidad de argentinos en las calles generaron un ambiente de euforia y tensión.
A pesar de las dificultades, la temperatura agradable y el cielo despejado ofrecieron un respiro. La ciudad se preparaba para recibir a miles de fanáticos, creando un escenario único para el evento deportivo más importante.