Las familias venezolanas afectadas por el terremoto continúan viviendo en campamentos improvisados y refugios temporales, a la espera de ayuda para reconstruir sus hogares. En La Guaira, la zona cero de los sismos, los vecinos se organizan mutuamente para compartir recursos como cocinas y lavadoras, y se turnan para las tareas de aseo y limpieza.
El suministro de agua y energía eléctrica es intermitente. Un camión cisterna diario provee agua para los tanques portátiles, y los aparatos eléctricos funcionan gracias a una conexión al poste de alumbrado público, aunque el servicio eléctrico falla con frecuencia. La situación es desesperante, con 185 edificaciones derrumbadas y cerca de 900 afectadas solo en La Guaira.