Holanda sufre las consecuencias de un verano marcado por altas temperaturas y sequía, lo que ha provocado un marcado descenso en el caudal de los ríos. Las temperaturas han alcanzado valores cercanos a los 40 grados Celsius en algunas zonas.
La reducción de los niveles de agua genera preocupación por sus efectos en el transporte fluvial, la agricultura y la gestión de los recursos hídricos en general. El fenómeno se suma a semanas de calor que afectan a gran parte del país.