Una argentina residente en Nueva York desde hace 40 años, a pesar de su larga estadía, mantiene su corazón argentino. Describe las manifestaciones mundialistas como únicas y sorprendentes para los neoyorquinos.
La pasión argentina por el fútbol es algo que los locales no terminan de comprender, pero que contagia y genera un ambiente festivo único en la ciudad. La energía colectiva es innegable.