Nueva York se ha transformado por completo con la llegada masiva de argentinos para la final del mundial. La ciudad luce los colores celeste y blanco, el aroma a asado y choripán impregna el aire, y la cumbia suena en cada rincón. Este fenómeno, que ha sido replicado en todas las ciudades donde se presentó Argentina, es descrito como impresionante e incomparable.
El banderazo argentino en Nueva York supera en magnitud a eventos anteriores, como el de la Copa América, triplicando la asistencia. La magnitud del evento emociona y marca un hito histórico, no solo por la pasión desbordante sino también por ser parte de uno de los mundiales más caros de la historia, del cual la FIFA se muestra exultante por la recaudación.
La policía se encuentra custodiando el lugar ante la inusual multitud. Incluso un policía en Atlanta, al ser consultado sobre el banderazo argentino, respondió con asombro, calificando la situación de "normal" en el contexto argentino, donde "nada es normal". La presencia de argentinos ha convertido la ciudad en un escenario de película, anticipando un fin de semana totalmente distinto.