La economía china experimentó una desaceleración en el tercer trimestre, con un crecimiento del PIB del 4,3% anualizado, el ritmo más débil en más de tres años. A pesar de esto, las exportaciones mostraron un crecimiento robusto, aumentando un 17,6% en la primera mitad del año.
La desaceleración se atribuye a factores como el débil gasto e inversión internos, que han limitado el impulso de la manufactura orientada a la exportación. La crisis inmobiliaria persiste, con una caída en la inversión y las ventas de viviendas, y un desplome en el inicio de nuevas construcciones.
El gobierno chino, sin embargo, considera que el crecimiento se mantiene en línea con el objetivo anual del 5,2%, y que la operación económica general es estable. El país continúa liderando en áreas de alta tecnología como inteligencia artificial, chips y robótica, aunque otros sectores generan menos empleo.