La economía de China, la segunda más grande del mundo, experimentó una desaceleración significativa en el tercer trimestre, con un Producto Interno Bruto (PIB) que creció solo un 4,3% anualizado, el ritmo más débil en más de tres años y un nivel no visto desde los estragos de la pandemia hasta 2022.
Esta desaceleración ocurre mientras algunos economistas señalan un desequilibrio creciente en la economía china. El fuerte apoyo estatal y las inversiones privadas se concentran en tecnologías de vanguardia como inteligencia artificial, chips informáticos y robótica. En contraste, áreas de manufactura de menor valor y servicios, que generan empleo, comienzan a mostrar debilidad.
A pesar del lento avance del PIB, las exportaciones chinas aumentaron un 17,6% en la primera mitad del año y un 27% solo en junio, superando las expectativas del mercado. Sin embargo, el gasto y la inversión internos se han rezagado, limitando el impulso de la manufactura orientada a la exportación.
Las autoridades chinas, a través del subdirector de la Oficina Nacional de Estadísticas, Mao Zedong, afirmaron que el crecimiento se mantiene en línea con el objetivo anual del 5,2% y que la operación económica general es estable. No obstante, la crisis inmobiliaria del país persiste, con una caída del 18% en la inversión y un retroceso del 11,6% en las ventas de viviendas en el primer semestre, además de una caída del 25% en el inicio de construcciones.